Anécdotas viajeras

Lisa Simpson: gran compañera de aventuras

Una nueva entrega de anécdotas que en este caso corrió por cuenta de Solange Goldstein, en un viaje que hizo hace unos meses a Estados Unidos junto a su hija.

Estábamos con mi hija tomándonos un descanso entre juego y jugo en Universal Studios Orlando. Sentadas y disfrutando de un aperitivo, se nos acercó un niño que en inglés nos dijo algo inentendible y nos quiso dar una muñeca bastante imponente de Lisa Simpson. Ante mi rostro desencajado, se acercó su madre quien nos explicó con paciencia que ese juguete de importantes dimensiones (un poco más de 1 m.) se lo habían ganado en una especie de kermesse, pero que no podían trasladarlo hasta su hogar debido a las restricciones de las aerolíneas domésticas. Entonces nos lo regalaban. Le agradecí con una sonrisa y seguimos nuestro recorrido por el parque.

En el camino pensé: ¿Y si pusieron algo en el juguete?, ¿si quedo detenida al salir del parque?, ¿si es una trampa? No, no puedo ser tan desconfiada. Así que seguimos…Era un verdadero armatoste, visible desde metros y metros de distancia debido a su amarillo estridente y su extraño pero característico peinado. La llevaba mi hija en el cochecito atravesada, lo que nos trajo inconvenientes para ingresar a ciertos lugares. La transporté yo misma junto con los otros bártulos (mochila, abrigos, comida, etc.), haciendo malabares para que nada quedara olvidado. Supo esperar parada en el cochecito mientras hacíamos alguna atracción, lo cual resultaba genial para encontrar nuestras cosas rápidamente. La gente se daba vuelta para mirarla/nos, nos preguntaba si era Lisa y sonreía. La llevamos incluso en el tren de Harry Potter hasta el parque Islands of Adventure.

Una vez en el hotel me pregunté si me dejarían llevar a Lisa a bordo en el avión, en un vuelo internacional. En la valija no entraba, así que no quedaba opción de subirla con nosotros. En el check in nos atendió una señora muy amable, pero al pasar migraciones un señor con cara de pocos amigos me hacía dudar de qué pasaría con nuestra amiga de color amarillo. Finalmente pasamos.

¡Qué difícil circular con Lisa en el pasillo angosto del avión! Y aún más difícil introducirla en el portaequipaje. En el ínterin nos encontramos con una amiga, quien me reconoció al instante gracias a… (¡sí! A ella, Lisa).

Llegamos a casa: hoy Lisa vive con nosotras.

Pero la historia no termina ahí: en Facebook, en un grupo de viajeros a Orlando, una usuaria preguntó si era posible viajar con muñecos grandes a bordo. A lo que otra persona le respondió: “El otro día en un vuelo de Orlando una chica volvió con una muñeca enorme”. Sí señores, era yo. Que casi casi me hago famosa gracias a Lisa.

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